El Gobierno cree que el FMI se va a conformar con menos que los bonistas

El Gobierno enfrenta horas decisivas en la pulseada por la deuda. Dentro de las próximas 48 horas tiene que resolver si baja el martillo y cierra la negociación, o encuentra un subterfugio que le permita mejorar el porcentaje de adhesión sin tener que conceder una nueva mejora económica.

Martín Guzmán jugó una carta fuerte: anunció que no habrá una nueva postergación de plazos , y que si el resultado conseguido mañana no es suficiente, el canje puede entrar en un segundo plano, dándole prioridad ahora a la negociación de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Lo que promete hacer el ministro de Economía es una posibilidad. Lo que desconocen los acreedores es si esa jugada, además de ser posible, tiene algún grado de probabilidad. Porque nadie tiene claro si el FMI aceptará sentarse a la mesa con el gobierno argentino a diseñar un nuevo programa, teniendo un porcentaje alto de deuda en virtual default.

Más allá de que su actual directora, Kristalina Giorgieva, se ha mostrado comprensiva con la situación de la Argentina, su voto no es el que define el rumbo del Fondo. Varios de los países que están en el directorio se han mostrado más proclives a que los problemas de deuda se resuelvan con mecanismos de mercado. No se vería bien que el FMI convalide la aprobación de nuevos fondos a un país que tendría más de 50% de su deuda bajo legislación extranjera, en litigio.

Lo que tiene la Argentina a su favor es que los técnicos del Fondo hicieron un estudio de sustentabilidad de la deuda de manera previa a la negociación con los bonistas. Y en esas proyecciones (en las que todavía no aparecían de manera tan negativa los efectos de la pandemia de coronavirus) los economistas del FMI aconsejaron que el país pague incluso un poco menos de lo que hoy es la oferta final que está en discusión. Eso significa que si Alberto Fernández y Guzmán se plantan en la propuesta de entregar bonos que en promedio valen u$s 53,5, la entidad no puede oponerse. Del mismo modo, tampoco puede decir públicamente que ese número debería ser mejorado en aras de un acuerdo.

A los acreedores la micronegociación les fue resultó bien. Por eso no se opondrían a estirar el plazo una vez más. Más allá de alguna expresión verbal, tampoco hubo amenazas serias de ir a la Justicia de Nueva York a resolver la discusión. Por ahora.

Lo que le pasa al gobierno argentino es que, en parte por su matriz ideológica, un acuerdo que implique pagar dólares a acreedores extranjeros es más una herejía que una paso positivo para rehabilitar el financiamiento y volver a conectar a Argentina con el mundo. Por eso cualquier esfuerzo extra asoma como una concesión. Habría que ver qué reclamaría el FMI a cambio del salvavidas que hoy pide Guzmán. ¿Sería más tolerable que los u$s 3 que plantean los bonistas?

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