Carta abierta a Cristina y a Macri

Escribo esta carta con el evidente objetivo de llamar la atención a la Presidenta que se va, Cristina Fernández y también al presidente que llega, Mauricio Macri.


Pero también con la premisa de no olvidar la locura en la que vivimos inmersos durante los últimos años y poner una cuota de normalidad a las desmesuradas expectativas que hay sobre el futuro inmediato.


Excelentísima señora Presidenta:
No sé cómo la juzgará la historia.
Sí está claro que usted se perdió la gran oportunidad de mejorar la calidad institucional ni bien asumió, en 2007. Y que, en cambio, se está yendo por la puerta de atrás, con el legado de un país dividido, y una impronta de resentimiento, odio y enorme egocentrismo.
Pudo haber normalizado el INDEC, y no lo hizo. Al contrario: convalidó la intervención y la manipulación de las estadísticas oficiales.
Pudo haber evitado el conflicto con el campo, pero eligió la estrategia política de la falsa dicotomía amigo-enemigo.
Pudo haber impulsado una Ley de Medios y la creación del Fútbol para Todos para desconcentrar el poder de los grandes multimedios y mejorar la calidad y la llegada de las transmisiones de fútbol, pero utilizó ambos instrumentos como una arma letal para atacar el periodismo crítico y abusar de la propaganda oficial, con el dinero de todos los argentinos.
Pudo haber aprovechado la congoja que produjo en todo el país la inesperada muerte de Néstor Kirchner para convocar al diálogo, pero se cerró todavía más, e incluso cometió la afrenta de comparar el fallecimiento de su marido con la tragedia de Once, una síntesis de ineficiencia y corrupción. Para colmo, lo hizo en el mismo acto en que sentenció Vamos por todo.
Pudo haberle pedido la renuncia a su vicepresidente procesado, Amado Boudou, como una señal de su lucha contra la corrupción, pero eligió apartar de su cargo al procurador Esteban Righi, por no haber presionado a los jueces para evitar la causa Ciccone.
Pudo haber recibido con alegría la entronización de Jorge Bergoglio, pero reaccionó tarde y mal, y encima quiso aprovechar al Papa para conseguir votos.
Pudo haber empezado por dar las condolencias a la familia del Alberto Nisman, en el primer acto oficial después de la muerte del fiscal, pero eligió, otra vez, colocarse en el lugar de la víctima excluyente de una gran conspiración, y sostener el mamarracho del memorándum de entendimiento con Irán, el país de los funcionarios acusados por el atentado a la AMIA.
Es cierto. También reestatizó el sistema previsional, Aerolíneas Argentinas e YPF. (En poco tiempo más sabremos con qué nivel de eficiencia).
Además impulsó las leyes para garantizar aumentos automáticos a los jubilados, el matrimonio igualitario y la asignación por hijo, en medio de una emergencia económica de la que también sacó provecho para disponer de fondos por afuera del Presupuesto.
Piense, señora Presidenta, ahora que tendrá tiempo para hacerlo, cómo la habría recordado la historia si a todas esas buenas decisiones políticas no les hubiera agregado las anteriores, con semejante carga de intolerancia, abuso de poder y agresividad.
Y piense también - porque nunca es tarde para darse cuenta que no se puede ser La Dueña, La Reina, la Unica todo el tiempo- si no valdría la pena correrse del centro de la escena y entregarle la banda y los atributos a su sucesor, Mauricio Macri, en la Casa de gobierno, como corresponde a una persona educada y de bien, que comprende que hay un tiempo para todo.
Si no lo hace porque no está convencida, hágalo aunque sea por puro cálculo político. Todavía no se terminó de ir y ya se está hablando de que usted embarra la transición para negociar con el futuro gobierno impunidad para los juicios y denuncias contra sus funcionarios y contra usted misma.
Señor Presidente electo, Mauricio Macri:
No es mi intención arruinarle la fiesta. Para eso su fuerza política ganó las elecciones y tiene todo el derecho a festejar y a soñar en grande.
Ojalá que la Presidenta que se va recapacite y le entregue los atributos del mando, para no negarle esa foto que cualquier Jefe de Estado desearía.
Sé que ahora mismo, no solo el casi 52% de argentinos que los votaron, sino casi un cerca del 70%, lo están viendo más alto, más lindo, más efectivo y más justo de lo que verdaderamente sería.
Valoro, además, que haya diferenciado la tarea que vino haciendo el periodismo crítico durante los últimos años para poner límites al abuso de poder y al autoritarismo del gobierno nacional y no la confunda con el apoyo irrestricto a su persona o a su gestión.
A partir de ahora los focos más potentes estarán puestos en su administración, en sus decisiones y también en las de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal y el jefe de gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta.
A partir del 10 de diciembre próximo el periodismo crítico empezará a chequear el cumplimiento de sus promesas de campaña, el acierto de sus designaciones y los probables casos de corrupción.
Hasta ahora se viene mostrando hiperactivo y muy ejecutivo. Probablemente, incluso, cuente con la habitual luna de miel de la que suele gozar el Presidente que acaba de asumir.
Pero no exagere.
No diga que el que designó es el mejor gabinete de los últimos 50 años, porque todavía hay que verlo funcionar.
Y explique, en cambio, con lujo de detalles, el porqué de los nombramientos más polémicos.
¿Es suficiente que sea un amigo de máxima confianza quien a partir de ahora maneja la Agencia Federal de Inteligencia? ¿No debería Gustavo Arribas contar con antecedentes un poco más acordes con su especialidad?
¿Podrían funcionarios de su gobierno salir a explicar por qué se lo menciona de forma negativa en la compra venta de Carlos Tévez cuando se fue de Boca Juniors?
¿Podría aclarar cuáles son los atributos de Silvia Majdalani para ser designada como número dos de la AFI y si no afecta su credibilidad los antecedes judiciales de su actividad privada?
También debería precisar si es verdad que su amigo, el presidente de Boca, Daniel Angelici, es su intermediario con los fiscales, los secretarios y los jueces, porque su aliada, Elisa Carrió, ya advirtió que se junta con ellos, con la intención de recibir y enviar los mensajes que usted le transmite.
Le pido que no tome estas preocupaciones como un ataque prematuro a su gestión, sino como el inicio del tránsito desde el pésimo y anormal vínculo que los Kirchner mantuvieron con el periodismo hasta la correcta y madura relación que usted prometió con la prensa durante la campaña.

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