

En un mundo que se derrumba, en el que todavía se discute la eliminación de programas sociales para pagar deudas, en esta Argentina que se nos escurrió casi entre las manos, hoy pagamos u$s 2.208 millones haciendo honor a la reestructuración que hizo el ex presidente Néstor Kirchner. Hoy se pagó corralito y corralón, para que todos tengamos memoria y sepamos de dónde venimos.
Lo decía Cristina y corría agosto de 2011. Un acto en Almirante Brown daba pie a un anuncio como siempre exaltado: el pago con reservas del Boden 2012, el bono nacido en 2002 para quienes tenían depósitos en dólares. Las arcas del Banco Central caían u$s 1.400 millones pero todavía quedaban u$s 50.400 millones y el ánimo era muy distinto al de esta víspera, en la que el vencimiento de agosto persigue a un Gobierno acosado por la falta de divisas y el costo de sus propios desmanejos.
Es que el nivel de asfixia impuesto al mercado cambiario no aportó tranquilidad en ese frente hasta el momento: las reservas caen poco más de u$s 100 millones desde que los controles se potenciaron hace unos días e incluso la salida de depósitos en dólares de los bancos vuelve a drenar las arcas.
En todo caso, la paradoja está servida. El pago de agosto unos u$s 2.500 millones marcará la desaparición de uno de los últimos vestigios de aquella época infame. Pero aquel símbolo del corralito y la estafa a los pequeños ahorristas hoy se convirtió en la llave de los grandes inversores para evadir este otro corralón cambiario montado para garantizar los dólares que necesita el Tesoro.
Ya sea como mecanismo para dolarizarse en tiempos en que los canales formales están vedados o bien como artilugio para hacerse de billetes verdes en el exterior (el famoso contado con liquidación), el Boden 2012 se ha convertido en bandera de estos nuevos tiempos de restricción cambiaria.
El torniquete oficial, es cierto, le han quitado últimamente fuerza a la operatoria y no faltan quienes apuntan que un dólar a $ 6 ya es más de lo que la mayoría está dispuesto a pagar. De todos modos, el Boden sigue muy demandado aún cuando hoy ofrece un retorno negativo.
Para los ahorristas que aguantaron hasta el final, hoy están por cobrar la última cuota. El Boden 2012, diez años después, resume una Argentina que no parece haber cambiado tanto como nos gustaría.










