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Flotar con el "salvavidas" Guzmán, el nuevo norte de Alberto Fernández

El chaleco salvavidas que Alberto Fernández se puso en los últimos días tiene un nombre: Martín Guzmán. Después de semanas de introspección, en las que sus colaboradores más cercanos lo estimularon para que adopte decisiones de gestión más firmes, con algún remozamiento del gabinete incluido, el Presidente mostró un primer veredicto: seguirá confiando en su instinto y mantendrá a su lado al ministro de Economía.

A decir verdad, más allá de las sugerencias interesadas de algunos de los miembros de la coalición oficialista, el recambio nunca llegó a ser una opción 100% real. No tanto por las propuestas de los eventuales candidatos sino por la imposibilidad de que sean puestas en marcha por un gobierno dividido que no puede garantizar el apoyo del Congreso. La continuidad de Guzmán también implica asumir que no van contar con el apoyo del kirchnerismo para aprobar una reforma o poner en marcha una baja del gasto. Dicho de otra forma, Fernández reconoció que su chequera no tenía fondos para comprar el pase de un ministeriable que justificase el cambio.

Guzmán, por otro lado, es la llave de acceso al FMI, el hacedor de un acuerdo inédito para la Argentina (por ser extremadamente light, lo que el staff bautizó con enorme bondad como realista). El Gobierno no tiene margen para salirse de ese sendero de acá al 2023, lo cual achica sensiblemente la posibilidad de alterar la política económica. El titular del Palacio de Hacienda convenció al Presidente de que lo que hace falta es ordenar las expectativas, no con un látigo sino con consistencia y racionalidad. No tuvo en cuenta que su jefe a veces es un factor desordenador, como lo demostró con sus declaraciones sobre las retenciones, que sumergieron al Gobierno en un conflicto innecesario y desgastaron el nuevo status de Guzmán antes de su formalización.

Absorber la Secretaría de Comercio Interior con Roberto Feletti adentro es un nuevo gesto de empoderamiento de Guzmán, pero también un riesgo. Al hacerlo, Alberto pone a prueba la capacidad de su ministro de sostener un hierro caliente sin quemarse. Le costó un año que la Secretaría de Energía ponga en marcha algún tipo de aumento tarifario. Habrá que ver si puede activar una coordinación de precios en menos tiempo, un elemento que no sobra. El amianto de Guzmán ya está un tanto chamuscado, y se nota.

El Presidente, que no pierde su optimismo, ve en junio aprobación de metas y desembolso del FMI, aumento de jubilaciones, nuevo Presupuesto (por decreto), inflación en leve descenso, subas de luz y gas instrumentadas y un peronismo menos detonado. Ese escenario no es improbable, aunque se parece más a una ilusión óptica. La gestión en este presente difícil es una tabla flotando en el mar en busca de una orilla

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