Aunque no son tan populares como otras disciplinas del arte, los ex libris vuelven al ruedo. Su nombre, que deriva del latín, significa "de entre los libros", algo así como "libro procedente de entre los libros de una biblioteca". Y se trata, sin más, de una estampa, sello o etiqueta, en pequeño formato, que se adhiere sobre el reverso de la cubierta o tapa del volumen como marca de propiedad.
La costumbre encuentra su origen en la Edad Media, con los escudos nobiliarios pero, a partir del surgimiento de la imprenta a mediados del siglo XV, su desarrollo se expandió. Hoy, en países como Estados Unidos, Italia, España y Francia, existen grandes grupos de seguidores, quienes se reúnen en seminarios y charlas y participan de concursos y salones. En la Argentina, en tanto, cautiva a artistas y coleccionistas aunque, dentro de las artes plásticas, es aún una disciplina poco difundida y cultivada, principalmente, entre un grupo de grabadores.
Sucede que, para poder hablar de un ex libris, la estampa o sello deben cumplir con ciertos requisitos: "La imagen debe estar relacionada con el propietario (por su profesión, gustos o preferencias), con la temática de la biblioteca o colección de libros; debe figurar el nombre completo de éste y la palabra ex libris", dice la plástica Marcela Miranda, presidenta de Xylon Argentina, sociedad de grabadores que nuclea a unos 300 socios. Y amplía: "Además, la frase latina puede ser reemplazada por otras más específicas de acuerdo al contenido de los libros, como ex numismaticis, ex medicis, ex musicis o ex eroticis, entre otros".
Quienes se sumergen en este rincón de las artes exploran un mundo tan amplio como pasional. "Cuando te metés, no podés salir. Es muy lindo para intercambiar y coleccionar", concede Marcelo Aguilar, profesor de grabado y miembro de Xylon.
Marcados por la tradición
Primero, fueron anotaciones manuscritas. Luego, la imprenta. Desde el siglo XV, comenzaron a utilizarse técnicas vinculadas a la estampación múltiple, la xilografía, la calcografía, la litografía, la serigrafía y el fotograbado. En estos últimos años, además, se sumó la gráfica digital. Y así, la pasión por los ex libris evoluciona y se expande. "A fines del siglo XIX comienza el auge del coleccionismo. Los más fanáticos arman sociedades y se los intercambian. Muchos se vuelcan por determinadas temáticas, por ejemplo, los ex libris eróticos o los vinculados a la música", comenta la grabadora Eva Farji, presidenta de la asociación Gente Amiga del Ex Libris (Gadel).
En la Argentina, los ex libris no son novedad aunque hoy transitan un camino de renovación. Es que, en los primeros años del siglo XX, conservarlos era una práctica bastante común en ciertos grupos de la alta sociedad. Incluso se dice que el escritor Manuel Mujica Láinez fue un ferviente coleccionista. "Generalmente eran traídos del exterior, tras los viajes", explica el grabador Osvaldo Jalil, uno de los impulsores del ex librismo moderno en la Argentina. Aguilar, quien tiene realizados casi 70 ex libris y posee una colección de unos 300, agrega: "En 1950, había una asociación de ex libristas del Río de la Plata que, un buen día, desapareció misteriosamente".
El enigma acerca de qué pasó con ellos y con sus obras nunca fue esclarecido. Pero, a cambio, la intriga suscitada por la historia detrás de estas pequeñas piezas de arte que remiten a la tradición medieval abrió paso a que, en los '90, llegara el tiempo de la revancha. Así, a través de Xylon, se fundó Gadel, una organización destinada a difundir la actividad mediante charlas, muestras, concursos y newsletters que no tardó en ser aceptada por la Federación Internacional de Ex Libristas (Fisae). "De a poco, fuimos ganando participación en los salones internacionales", detalla Jalil quien, además de grabador, es coleccionista de un portfolio que incluye diseños de lechuzas y gatos.
Capricho taylor made
A modo de agasajo para una fecha aniversario, casamiento, cumpleaños o, simplemente, como un gusto o capricho personal, cualquier persona o institución que desee el ex libris propio puede hacer realidad su sueño a través de la labor personalizada que le asegura un profesional ex librista. "En general, el ex libris se realiza a través de un medio de impresión tradicional, como la xilografía, la calcografía, la litografía y, en algunos casos, hasta digital", explica Miranda. Eduardo Campelo, por caso, es grabador y realiza pedidos a medida.
"Los temas pueden ser muy variados, dependiendo de lo que se solicite o del tema específico, en el caso de participar en un certamen", asegura. El artista, que utiliza la xilografía como técnica, empleando tacos de plástico para realizar sus grabados, prefiere trabajar en formatos pequeños, no mayores a cinco por cinco centímetros y en blanco y negro.
Quienes se dedican a estas artes, en general, cumplen con una ordenada metodología de trabajo. Primero, combinan un encuentro con el interesado para conversar sobre sus preferencias. A partir de estos datos, se confeccionan varios bocetos para que cada quien defina con cuál se siente más identificado, lo que permite agregar otros elementos, hasta llegar al boceto final. Luego, se graba la matriz y se imprime la cantidad de estampas requeridas. La medida máxima es de 13 centímetros en su lado mayor.
"Los 13 centímetros fueron estandarizados por la Fisae, pero para mí es demasiado grande y suelo trabajar con formatos más pequeños", explica la plástica Julieta Warman quien, junto a Miranda y Farji, desde 2009, realiza la muestra itinerante Ex Libris - Huella de Identidad.
A muchos de ellos, les fascina trabajar con la letra y la imagen en pos de una composición donde ambas se integren y no compitan. Es que, en este ida y vuelta de hacer y rehacer, los artistas tratan de combinar ambas aristas para formar un todo. "Ahí vemos su tradición alegórica y simbólica", agrega Farji. Asimismo, Warman siempre tiene a mano un diccionario de símbolos para consultas. "Me fascina la posibilidad de jugar, trabajando con tipografía, letra e imagen, pensando en alguien en particular, en la identidad, usando alegorías y elementos simbólicos de la persona o institución", comenta.
De todos modos, más allá del dulce gustito de darle una marca de pertenencia a los libros, los ex libris, hoy en día, se convierten en pequeños grandes objetos de colección. Globalmente, se realizan muestras y concursos que alientan el hobby. Sobre todo, en países como Estados Unidos, Italia, España, Francia y hasta China, que recientemente se sumó a la movida.
Entre los mayores coleccionistas del mundo, se destacan el italiano Mario de Filippis, quien cuenta con un portfolio de más de 8 mil ex libris, el español José Miguel Valderrama Esparza, presidente de la Sociedad Andaluza de Exlibristas, y el suizo Benoît Junod, vicepresidente de la Fisae, que acaba de organizar en San Petersburgo, Rusia, una muestra sobre el tema con singular participación de artistas argentinos.
"Si observamos los catálogos de certámenes y muestras que se hacen en Europa, veremos que predominan los trabajos realizados en calcografía frente a las demás técnicas y, más recientemente, van ganando espacio aquellos realizados con tecnología digital. En nuestro país se trabaja mucho con xilografía y litografía", destaca Campelo quien, el próximo año, tiene planeado participar de concursos internacionales como el Bodio Lomnago, en Italia, y el de Sint Niklaas, en Bélgica.
Para los artistas, América latina es hoy un gran semillero del grabado, sobre todo, en madera. En líneas generales, los grabadores argentinos responden a un estilo más bien expresionista, herencia de la técnia alemana, a diferencia de Europa del Este, que trabaja mucho en metal. Evidentemente, todavía hay ex libris para rato. Una tradición medieval que se renueva en el siglo XXI
0 Comentarios