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Jueves 23.10.2014 | 01:30

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Alguna vez usted viajó en un bondi cachuso y le quedó el tujes a la miseria. Tomó un feca con los gomías ó se va con su jermu a dar la vuelta al rope por ahí.

“En mayor o menor medida, todos los habitantes de Argentina, utilizan el lunfardo en sus conversaciones, también lo hacen medios de comunicación aunque no parezca y tiene registro literario que va desde Arlt, Borges o los sainetes de Vacarezza”, cuenta el doctor en letras y docente de griego y latín Oscar Conde en su libro “Lunfardo, estudio del habla popular de los argentinos”, novedad editorial de Taurus.

Pero, ¿Qué es y cómo nació lo que ahora denominamos lunfardo? ¿Es un dialecto, un lenguaje? Para explicar éstas y muchas más cuestiones de su objeto de estudio, Conde dividió a su libro en tres partes.

En la primera, el autor analiza la naturaleza histórica del lunfardo y se ocupa de las afiebradas discusiones sobre su origen, relacionado con la suposición de ser “el habla de los ladrones”, que según consigna el autor fue difundido por primera vez, en un artículo del diario La Prensa en 1878, aunque los registros lunfardos en medios se pueden rastrear desde 1850.

La segunda, repasa el léxico en sí, sus préstamos, apropiaciones e influencias de los distintos idiomas que lo nutrieron, desde el español, italiano, inglés, hasta los argots latinoamericanos, europeos, algunos dialectos africanos y americanismos. Es que para Conde, el lunfardo es ”una síntesis lingüística, una memoria viva de la historia de Buenos Aires que da cuenta de los diversos grupos sociales que han ido poco a poco configurando el dialecto rioplatense primero, y el habla de toda la Argentina después”.

La tercer parte explora la producción del lunfardo en los géneros populares desde el tango, el sainete y el rock y examina la actualidad y el futuro del lunfardo.

 “No entiendo por qué es más propio ‘robar’ que’ afanar’. Lo que sucede es que hay palabras feas y palabra lindas. Y yo utilizo las que me gustan por su sabor rotundo, pictórico o dulce. Las hay amplias, curvas, melosas, dolientes”, escribió Enrique Santos Discépolo, para concluir que “Nuestro lunfardo tiene aciertos de fonética estupendos”.

Pare Conde,  este párrafo es clave porque “Hay palabras que nos resultan necesarias para comunicarnos” ó como prefiere decir el autor “palabras a las que no podemos renunciar”.

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