Golosinas

La receta europea que vende millones en Uruguay pero nunca enamoró a los argentinos: la historia de Ricardito

La golosina fue creada por la chocolatera Ricard en los 60 y se convirtió en un ícono uruguayo. Hoy está en manos de una multinacional.

Una copiosa porción de merengue bañada en chocolate y una base de waffle son los ingredientes que conforman una de las golosinas más populares de Uruguay. El Ricardito forma parte de la cultura de ese país y por año se venden alrededor de 3 millones de unidades, según datos de 2016 publicados por El Observador. Pero se sabe poco de los orígenes de esta marca tan emblemática para el mercado uruguayo.

La etiqueta tuvo un paso por la Argentina, aunque nunca logró despegar. Llegó a comercializar 2 millones de paquetes en 2006 y tuvo múltiples réplicas por parte de otras empresas. No obstante, desde hace dos años que ya no llega por estas latitudes. Hoy está en manos de Bimbo, aunque su historia en Uruguay comenzó hace ya varias décadas.

Desde Europa

En realidad no se trata de una creación uruguaya, sino que la receta original viene desde Europa. Algunos señalan que se gestó en Dinamarca, donde a este dulce se lo conoce como flødebolle (bollo de crema, en danés). Sin embargo, la historiadora danesa Annette Hoff, autora del libro Historia del chocolate en Dinamarca, asegura que en realidad la idea surgió en Escocia en 1895.

La compañía neerlandesa Buys empezó a elaborar sus conos de merengue bañados en 1920

La industrialización del producto se produjo a comienzos del siglo XX. La chocolatera danesa Elvirasminde empezó a elaborarlo en serie en 1905, aunque la firma canadiense Viau ya había lanzado sus conos de merengue bajo la marca Empire cuatro años antes. Luego llegaron más jugadores, desde la neerlandesa Buys con los Zoenen hasta Nabisco con la etiqueta Mallomars en 1913 e incluso la italiana Bulgari con sus Bulgarinos.

Origen de Ricardito

La creadora del Ricardito es la chocolatera uruguaya Ricard, fundada en los 50 por Hans Eichin, no obstante, el producto recién salió al mercado en los 60 y al principio se vendía envuelto en papel de aluminio. Al mismo tiempo que la marca ganaba protagonismo, la compañía también crecía y llegó a posicionarse como uno de los tres grandes jugadores del sector, junto a Pernigotti y Saint Hermanos (creadores de la marca Águila).

"Esas grandes chocolateras dominaban un mercado protegido con aranceles de hasta el 70% y más en golosinas. Pero cuando se creó el Mercosur (1991), cada enero se bajaba (el arancel) un 7% hasta cero y eso hizo inviable ser competitivos, entonces empezaron a tener problemas", señala Juan Carlos Núñez. En ese entonces Núñez era dueño de Plucky, una compañía que elaboraba confites, chupetines y bombones.

Poco a poco empezaron a ingresar firmas internacionales al mercado uruguayo, como Garoto y Cadbury. Entonces, las chocolateras locales tuvieron que salir a invertir con más fuerza en publicidad para no perder su share.

La primera que cayó fue Pernigotti y Plucky adquirió el 90% de su maquinaria. En secreto, asegura el empresario, Saint y Ricard pasaron a tener los mismos accionistas para intentar salir a flote, pero la estrategia no funcionó. "Esto recién se descubrió cuando quebraron", indica. Los dueños de Águila en Uruguay pasaron a manos de Nestlé, mientras que Plucky se quedó con Ricard, y sus 150 marcas registradas, en 1997.

Primer intento en Argentina

"Al año siguiente lo relanzamos con un envase hermético en flow pack y un estuche de cartulina con abre fácil. Fue un éxito nuevamente y lo exportamos a Chile con buen suceso", recuerda Núñez. Sin embargo, detalla, la Argentina "siempre fue un mercado difícil por las políticas de importación".

En 2006 la marca se lanzó en Buenos Aires con una gran campaña

En 2006 se hizo un gran lanzamiento del Ricardito en Buenos Aires con publicidad en varias líneas de colectivos. Entre mayo y septiembre de ese año se vendieron 2 millones de unidades y para 2007 planeaban iniciar la fabricación local a través de Punta Ballena, otra empresa uruguaya que había puesto un pie en Argentina y contaba con una planta en Quilmes. Planeaban vender cerca de 500.000 conos por mes. Pero Punta Ballena se fue del país y el proyecto quedó en la nada.

Ese mismo año la mexicana Bimbo desembarcó en Uruguay con la compra de la panificadora Los Sorchantes. En 2008 adquirió Plucky, y por consiguiente el Ricardito, por 123 millones de pesos mexicanos y tomó a Ricard como su línea de confitería.

Un mercado difícil

Con los años salieron varias versiones del Ricardito, desde uno relleno con caramelo hasta uno con sabor a tiramisú. También lanzaron una edición especial celeste para alentar a la selección durante un Mundial y una Copa América.

En Argentina hubo otras marcas que intentaron posicionar al cono de merengue y bañado en chocolate dentro de las góndolas. Una de las primeras fue Pradymar, en los 60, con el Angelito Negro. Luego vino Kremokoa, de Terrabusi, a fines de los 70, pero se esfumó tras la fusión con Nabisco. Ahora, el único sobreviviente pareciera ser Merenkoa, elaborado por la empresa Urquiza.

Terrabusi tuvo su versión con el Kreomokoa. Fuente: Blog El Gran Libro de las Marcas

La filial uruguaya de Bimbo retomó las exportaciones del Ricardito al mercado argentino aunque, en lugar de hacerlo bajo el paraguas de Ricardo, lo hizo con su marca Marinela. No obstante, desde la compañía, en una entrevista con El Observador en 2016 aseguraban que los envíos no llegaban al 2% de la producción. La perspectiva era de subir esa cifra al 20% y llevar 600.000 unidades anuales a la Argentina a partir de la apertura comercial del gobierno de Mauricio Macri.

Pero la marca nunca logró la performance esperada. "En 2020 se decidió dejar de comercializarlo", señalaron desde Bimbo Argentina. Ahora para conseguir un Ricardito hace falta cruzar el charco.

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