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De la soja al ganado: qué está pasando con los negocios exportadores del agro en 2024

Aunque los problemas en las producciones agroindustriales son variados, el sector apunta a una recuperación de las exportaciones de la mano del maíz y el trigo.

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Se le llame "campo", "agroindustria" o "bioeconomía", este sector de sectores genera, en promedio, siete de cada diez dólares que entran al país por exportaciones, que es prácticamente la única manera de que ingresen dólares que no haya que devolver.

En el primer trimestre de este año, las exportaciones agroindustriales alcanzaron US$ 10.329 millones, una cifra 19,1 por ciento superior a la del mismo lapso del año pasado, cuando se recortaron mucho los volúmenes por los estragos de la última sequía. A la vez, el desempeño agroexportador en lo que va de 2024 luce empequeñecido frente al del mismo trimestre de 2022, pero eso es más que nada por efecto de los precios, ya que hace dos años los valores internacionales de los commodities agrícolas se dispararon por la invasión de Rusia a Ucrania, ambos grandes productores de granos.

La actual recuperación de las ventas al exterior del sector viene fundamentalmente de la mano de los tres rubros agroindustriales que más exporta la Argentina. El mayor es el complejo de productos de soja (harina, pellets, aceite bruto y refinado, granos, glicerol, salsa de soja, etc.), que generó US$ 3243 millones en el primer trimestre.

El maíz esperaba su revancha, pero le surgió un cisne negro: la plaga de la chicharrita.

El segundo es el maíz, con US$ 1625 millones, casi todos producto del envío de granos sin procesar. Y el tercero, el trigo, que generó US$ 1388 millones, y también se va mayoritariamente sin industrializar. En conjunto, gracias a la recuperación climática, estos tres cultivos permitieron ingresar US$ 1565 millones más que en el primer trimestre del año pasado.

La cosecha de soja, frenada por la lluvia

Pero a este buen comienzo se le están presentando desafíos importantes. Si bien las lluvias tupidas en muchas regiones desde fines de marzo fueron la mejor noticia para el trigo, que necesita humedad para sembrarse entre mayo y junio, llegaron en un momento complicadísimo para los cultivos de verano, que se están cosechando.

"La cosecha está estancada, empieza a haber pérdidas de rinde y preocupan los pronósticos de lluvias inminentes", decía un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) del último 18 de abril, luego del cual volvieron las lluvias abundantes. En ese documento se destacó que sólo se había podido levantar el 45 por ciento del área cosechable de soja, cuando el promedio de las últimas cinco campañas para esa fecha marca que se tendría que haber recolectado el 70 por ciento.

La soja es el mayor complejo exportador de la economía argentina.

Ese tipo de demoras atenta contra la cantidad y calidad de los granos recolectados, además de provocar cuellos de botella.

La chicharrita, el cisne negro del maíz

En cuanto al maíz, cuando se esperaba una revancha luego de las pérdidas de la campaña pasada por la sequía, surgió un "cisne negro": una plaga endémica de las regiones tropicales y subtropicales, conocida como chicharrita (de nombre científico Dalbulus maidis), "bajó" hacia las zonas templadas del centro del país, y agarró a todos con la guardia baja. Esta chicharrita es vector de patógenos que provocan el llamado achaparramiento del maíz, causante de daños muchas veces severos en este cultivo, sobre todo si "ataca" a las plantas al principio de su desarrollo.

Esto se dio por una conjunción desgraciada de factores, entre los que se cuentan un invierno no tan frío, y precipitaciones salteadas a fin del año pasado, que obligaron a escalonar mucho las siembras dentro de cada región, lo que le proporcionó a la chicharrita alojamiento casi permanente, sobre todo en los maíces sembrados más tarde.

La preocupación es tal que el Gobierno, a través de la Secretaría de Bioeconomía, convocó a una mesa técnica conformada por los principales organismos públicos (SENASA, INTA, INASE) y organizaciones privadas (Maizar, ASA, AAPRESID, CASAFE, CREA y otras), para coordinar acciones tendientes a paliar los efectos de esta plaga, sobre todo de cara a la campaña 2024/25.

Estas entidades están compartiendo conocimientos e iniciativas, para generar las mejores recomendaciones para los productores. Además, el Gobierno aprobó el uso de dos nuevos insecticidas efectivos contra esta plaga, uno para aplicar en las semillas de maíz y el otro, sobre las hojas.

Las lluvias tupidas fueron una buena noticia para el trigo porque necesita humedad para la siembra.

"Tenemos una excelente campaña en maíces tempranos y bastante mala en maíces tardíos, por el impacto de esta plaga. El partido no terminó todavía, falta ver el rendimiento y la calidad de esos maíces tardíos, para conocer el impacto final", dijo Federico Zerboni, productor agropecuario y presidente de Maizar, la asociación de las cadenas productivas del maíz y del sorgo.

 "Ahora, estamos trabajando mucho con la mira en la próxima campaña, para evitar que se repita esta situación. Y por esto destinamos varios paneles de nuestro Congreso Maizar de este año, el próximo 22 de mayo, a que especialistas locales y del exterior nos acerquen los conocimientos más actuales y las mejores recomendaciones para encarar la próxima campaña", señaló.

El trigo, con el agua ideal y atenazado por impuestos

En cuanto al trigo, según la BCR, las reservas hídricas para la próxima campaña son todavía mejores que en abril de 2021, cuando se dio un boom de producción. Las banderas rojas aparecen por el lado de los márgenes de los productores, ya que los precios de los granos cayeron y los de los insumos en general, y los fertilizantes en particular, están altos (si bien, al cierre de esta edición, estaban descendiendo).

La bronca de los productores es que ese margen finito se ve todavía más carcomido por los impuestos desde los dos extremos: el valor de los granos, que se les recorta por los derechos de exportación (12 por ciento de retenciones), y los insumos, que se les encarecen por impuestos a las importaciones (17,5 por ciento de Impuesto País). Así, encuentran que esta tenaza que les hace perder competitividad frente a los productores de otros países, es un daño auto infligido, evitable. "No es tan difícil: si los números dan, fertilizamos más, producimos más, entran más dólares al país a fin de año. No la ven", ironiza con amargura un productor.

Las inundaciones afectaron a otros cultivos y los rindes cayeron en lo que va del año.

Los fertilizantes son vitales para el rendimiento de los cultivos, es decir, para obtener más granos por hectárea e incluso mejores, especialmente en las gramíneas. Un trigo al que no se le aplica tecnología puede rendir tres cuartas partes o la mitad de lo que podría con los insumos adecuados. Por eso, el año de producción récord de trigo fue también récord para los fertilizantes: 5,6 millones de toneladas vendidas en 2021, cuando los suelos contaban con humedad suficiente y los productores se animaron a invertir.

 En 2022, los valores se dispararon por la guerra de Rusia a Ucrania y, combinados con la fatal sequía, hicieron que las ventas locales de fertilizantes cayeran 16 por ciento. Y en 2023, otra vez la sequía, sumada a la falta de dólares para pagar los productos importados y al Impuesto País, hizo que el mercado cayera un 4 por ciento adicional, hasta 4,6 millones de toneladas.

"Este año, por la relación de precios, vamos a tener un ajuste de dosis en trigo y, por ende, vamos a producir menos. Pero si se acomoda un poco, si tomamos como país las decisiones correctas, el uso de la tecnología va a mejorar y podemos tener otra campaña como la del 2021. Y el mercado de fertilizantes puede volver a llegar a los 5 millones de toneladas", dice María Fernanda González Sanjuan, directora ejecutiva de la asociación civil Fertilizar. "Con la sequía, nos mirábamos todos y no había nada que hacer. Ahora hay agua, tenemos una oportunidad enorme: podemos hacer la mejor campaña de trigo, porque somos un país triguero y si hay un cultivo que responde al fertilizante es este. La campaña se está jugando ahora, en los próximos 45 días", enfatiza.

Carne bovina, con el consumo local en un piso histórico

Para el sector de la carne bovina, el quinto que más dólares por exportaciones le genera al país, con ventas por US$ 3115 millones durante el año pasado, según el INDEC, 2024 comenzó con nuevos vientos: el primer día del año quedó sin efecto la normativa que prohibía la venta al exterior de siete cortes bovinos populares, y se eliminaron los cupos de exportación, medidas que habían sido dispuestas en mayo de 2021 por la administración de Alberto Fernández para "cuidar la mesa de los argentinos", receta fracasada una y otra vez.

En 2024 se registró el peor consumo per cápita de carne vacuna en los últimos 30 años.

La liberalización de las exportaciones y la perspectiva de apertura económica en general entusiasmaron a los exportadores. Y también a los productores, lo que colaboró en generar una fortísima suba del precio de la hacienda, que llevó el valor del novillo argentino por encima del de los demás países del Mercosur.

En rigor, tensó también el precio de los animales una escasez de oferta producto de que el año pasado, con la sequía, se faenaron muchos animales anticipadamente, y de que el clima más benigno desde la primavera de 2023 generó pasto, que permitió retener más tiempo a los animales en los campos y sumarles kilos.

Ese aumento de su materia prima crucial complicó a los frigoríficos, que tienen costos fijos muy altos, sobre todo el personal (es una de las industrias manufactureras que más empleo genera) y la electricidad, para el frío. Un aumento de costos que, del otro lado, se topó con que al mercado interno se le había licuado el poder adquisitivo: en marzo, el consumo de carne en el país estuvo alrededor de 18,5 por ciento por debajo del mismo mes del año pasado, el peor registro en los últimos 30 años, con un consumo de solo 42,6 kilos per cápita, según la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).

Eso explica que el mercado interno no haya alcanzado a absorber ni el 70 por ciento de la carne producida en lo que va de este año, cuando lo habitual es que consuma tres cuartas partes, e incluso mucho más en tiempos de prohibición de exportaciones.

La suba de precios llevó el valor del novillo argentino por encima del de los demás países del Mercosur

"Cuando arrancó el año, desde la organización del negocio hubo mejores perspectivas, con la eliminación de los cupos y de los siete cortes prohibidos. Pero desde el punto de vista de la industria creemos que el consumo local va a seguir deprimido, que es una tendencia: la inflación está bajando y el poder de compra del consumidor no se recupera: creo que esto es una transición", dijo Carlos Riusech, presidente de uno de los mayores frigoríficos del país, Gorina.

En cuanto a los mercados externos, Riusech indicó que "China, que se lleva el 75 por ciento de la exportación argentina, está en un nivel de precios que dista mucho del que tenía el año pasado, y está también abajo de la serie histórica. Sí conserva el atributo de importar cada mes volúmenes de entre 250.000 y 280.000 toneladas de todo origen, pero ha avanzado con nuevos orígenes y nuevas plantas, está bien abastecida y los precios no mejoran".

Eso, sumado a la fuerte volatilidad de precios que está teniendo la Unión Europea, el tradicionalmente mejor mercado de valor para la carne argentina, lleva a pensar al empresario que tal vez el único que ofrece una perspectiva de mejora este año es el norteamericano, "que está en un proceso de liquidación y va a tener un faltante de oferta de carne pronunciado hacia el segundo semestre".

Maní, apuntando al valor agregado

En lo que va del año, el sector manisero, arraigado en el centro del país, particularmente en Córdoba, es el que tuvo la mayor caída de exportaciones de todos los complejos agroindustriales, debido a la sequía. En valor, sus ventas al exterior en el primer trimestre fueron de US$ 231 millones, casi 26 por ciento menos que en el primer trimestre del año pasado, de acuerdo con el informe del CAA.

El dato no pasa desapercibido, porque la Argentina es el séptimo mayor productor y el primer exportador del mundo de maní, con ventas que superaron los US$ 1000 millones algunos años, destinadas principalmente a países europeos.

Argentina es el principal exportador mundial de maní, sin embargo la sequía hizo caer los envíos.

Sin embargo, las cosas repuntarían este año. Desde la Cámara del Maní esperan que la cosecha sea buena, y recuperar un volumen de exportación del nivel de los años previos, en torno de las 700.000 toneladas, según expresaron en el reciente Congreso Internacional de Maní. La expectativa está puesta en crecer en productos de valor agregado, como pasta de maní tostado, harina de maní y otros.

Mejoran las legumbres, salvo los porotos

También se vio muy condicionada por la sequía la producción de legumbres, un rubro que llegó a generar divisas por US$ 560 millones en 2020. En 2023, se dio una recuperación de los volúmenes de arveja, lenteja y garbanzo, pero una caída en la producción de porotos, que es la principal, por la falta de agua, que siguió este año afectando al extremo norte del país.

"En la última campaña, según datos del Sistema Integrado de Información Sanitaria (SISA), se sembraron 440.000 hectáreas de porotos, en Salta, Santiago del Estero, Tucumán, Córdoba y Catamarca; 120.000 hectáreas de garbanzos, en Salta, Santiago del Estero, Córdoba y Tucumán; 78.000 hectáreas de arvejas, en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba; y 21.600 hectáreas de lentejas, en Santa Fe, Buenos Aires, Salta y Tucumán", dice Adrián Poletti, titular de la consultora homónima, especializada en el sector.

"Para este año, la perspectiva desde lo productivo es muy buena para arvejas, lentejas y garbanzos, y regular para porotos, especialmente los blancos, que tienen su centro productivo en el norte de Salta, lugar donde la sequía y principalmente el calor provocaron pérdidas importantes", explica el analista. "Se prevé que siga creciendo el área de arvejas hacia el centro sur de Buenos Aires, y también la de garbanzos hacia Salta".

Azúcar, con demanda firme y mejoras productivas

El sector azucarero, arraigado en el NOA, también estuvo golpeado por la falta de agua. "La zafra azucarera 2023 fue floja en lo productivo, debido a la sequía de tres años consecutivos en todo el NOA, pero fue positiva en cuanto a las ventas porque la demanda del mercado interno se mantuvo firme, y empujó los precios al alza", dice Eduardo Nougués, director de Asuntos Institucionales y Legales de Ledesma. "Para 2024, esperamos una producción mayor, debido a mejores lluvias durante el último verano", agregó.

La zafra azucarera fue floja en cuanto a lo productivo en 2023, pero positiva en ventas.

A partir de la caña de azúcar, la empresa produce tanto bioetanol, como papel. Respecto del bioetanol, que se mezcla con las naftas (al igual que el elaborado a partir de maíz), Nougués dice que "las seis provincias que producen biocombustibles han consensuado un proyecto de ley para reformar el actual mercado. El bioetanol es una fuente de energía renovable porque es energía verde que sustituye importaciones de petróleo, y también es favorable ambientalmente, con lo cual su crecimiento sería positivo para la Argentina, además de una importante fuente de ingresos para el Noroeste del país".

Según el ejecutivo, ese proyecto de ley consensuado establece, a diferencia de lo que ocurre hoy, que no haya más cupos por empresa, que el precio no lo fije el Gobierno, que se compita en licitaciones por volumen y precio, y que participen las petroleras en la producción. "Hay consenso absoluto con este proyecto entre las provincias productoras, las cámaras empresarias y las empresas petroleras. Sería importante que esta reforma se incluya en la Ley Bases".

En cuanto al papel, Nougués sostiene que la Argentina viene muy atrasada en la región: "Hoy no llega al millón de toneladas de producción de celulosa, mientras que Uruguay está casi en 5 millones, Chile en 7,5 millones, y Brasil ya está produciendo 29 millones. El nuevo gobierno está poniendo foco en la forestoindustria, y desde el Consejo Foresto Industrial estamos haciendo muchos esfuerzos como para que la Argentina vuelva a estar en el contexto internacional de inversiones en este sector".

Cítricos, muy golpeados en el NOA

El sector citrícola del NOA sufrió en 2023 malos precios internacionales y un tipo de cambio desfavorable, que llevó a una reconversión del negocio de las frutas en fresco a la producción industrial. Para este año, se espera una producción mayor, con un mercado internacional de jugos que atraviesa una crisis en la estructura de su oferta.

Las producciones agroindustriales son muchísimas, de lo más variadas: diversos granos, frutas, hortalizas, cultivos especiales, lácteos, huevos, otras carnes y muchos más. Cada una con sus problemáticas específicas, suelen compartir los rigores del clima y de las políticas económicas.

Las iniciativas abundan, se están desarrollando incluso cultivos destinados a una nueva generación de biocombustibles, con certificaciones internacionales de baja huella de carbono, como colza, camelina, cártamo o carinata. Pero también son muchas las iniciativas, sobre todo de PyMEs, que se fundieron, o están frenadas, o no terminan de desarrollarse; no requieren subsidios, sino un modelo de desarrollo federal que las incluya e impulse, como hacen los países vecinos.

La versión original de esta nota se publicó en el número 365 de revista Apertura.

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