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Chardonnay, la reina

La más señorial de las cepas blancas logra cada vez más ejemplares con equilibrio y consistencia. Si bien queda un largo camino por recorrer, hoy la Argentina puede jactarse de tener ejemplares de nivel internacional.

Chardonnay, la reina

Por qué la Chardonnay es la variedad blanca que da la nota en todos lados? ¿Por qué logra trascender más allá de cualquier otro vino blanco?
Las respuestas son muchas, pero un detalle nada menor que ha posibilitado su expansión en todo el mundo es la versatilidad para crecer en los más diversos tipos de climas y suelos, desde Mendoza, Patagonia o Salta, hasta la Borgoña francesa, el Valle de Napa californiano y el Maipo chileno. La Chardonnay prende donde se la plante, y esté donde esté, siempre se adapta al terruño y entrega, además de sus tradicionales notas melosas que recuerdan al damasco o al durazno, algo del carácter del lugar: una mineralidad, un toque almibarado aportado por el sol, un algo distintivo. Es, además, injustamente o no, la única cepa blanca que el imaginario colectivo percibe como "de calidad" y, por ello, la más elegida. Lo cual no es poco.
Y claro, lo que todos saben: trabajado con cuidado y dedicación es un cepaje que puede dar varietales maravillosos, con cuerpo y volumen, y una personalidad propia, capaz de expresar de manera transparente su origen.

Evoluciones y caídas

La Chardonnay tuvo, como toda cepa, picos altos y bajos. Los primeros grandes ejemplares locales comenzaron en la década del 90, y entrado el siglo XXI cada vez más bodegas lograron Chardonnay de buen nivel. Quizá, uno de sus puntos flojos fue a veces caer en la moda de la sobremadurez. Sucede que más allá del impacto que pueda generar el vino cuya fruta es cosechada muy tarde, cuando los racimos rebalsan de azúcar y las uvas no tienen nada de acidez, luego los vinos resultan muchas veces planos, sin un mínimo de frescura e incluso demasiado gordos; cansan antes de terminar la primera copa.
Otro bache que tuvo que sortear la cepa fue en la vinificación. Al ser una uva corpachona, que da vinos con buena estructura, es de las que mejor se llevan con la crianza en madera. El problema es que en el Nuevo Mundo, muchas veces se ha tendido a maderizar sus ejemplares premium, a sobretostar el Chardonnay y que ya desde el aroma se perciba más el roble que la fruta.
Pero en fin, cuando bodegas y enólogos logran superar estos dos escollos, el resultado son blancos de gran nivel, elegantes y placenteros. Aquí, cinco ejemplares para no perderse.

- Luigi Bosca Finca Los Nobles: De fincas antiguas de Luján de Cuyo nace este, uno de los primeros Chardonnay súper premium argentinos. Aromas a damasco, frutas blancas y miel, equilibrado y con un gran ancho de boca de textura algo láctica. Ideal para acompañar comidas por su estructura.

- Rutini Apartado Gran Chardonnay: Aromas limpios y delicados en los que la fruta ha cedido ante los elegantes tonos que evidencian una adecuada y cuidada crianza. En boca entra
sigilosamente y tiene un final profundo y limpio en el que sobresalen los tonos maduros y los frutos secos tostados, con algo de caramelizados y miel. Permanece tanto en la memoria como en el paladar.

- Zaha Chardonnay: Muy interesante este Chardo con aromas que recuerdan al durazno, a pulpa madura, pero nada exuberante ni cansador, siempre dentro del marco de la tipicidad varietal. En el paladar muestra enjundia, frescura y mucha fruta. Gran blanco para beber lo más seguido que se pueda; muy compacto y con destacable largo en boca.

- Catalpa Chardonnay: Muy interesante este blanco que Philippe Caraguel elabora en Tupungato, Valle de Uco. Sus aromas son algo tropicales y evidencian claramente la crianza en madera, pero nunca se pasan del límite. Es untuoso en el paladar, equilibrado, con volumen, redondez y muy buen carácter. Quizá pueda decirse que es algo resinoso, pero no pesado ni denso. Claro que no es para aperitivo, sino más bien para disfrutar junto a un plato de comida, como salmón o símil.

- Pascual Toso Chardonnay: Un blanco que viene por el lado de las frutas blancas y que suma una punta tropical y notas a vainilla. En boca es ancho, joven y de gran acidez. Se percibe un poco como un mentol muy singular en el paladar. Un Chardonnay para beber seguido.

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