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Viernes 25.07.2014 | 07:37
edición impresa

Subsidios 2014:la hora de la sintonía fina

3dias

Ante un fin de año ardiente, signado por los cortes de luz y la falta de respuestas del Estado ante la crisis energética, los expertos consultados por 3Días y el propio Gobierno reconocen que será difícil mantener el actual nivel de subsidios en 2014. Cuál es su magnitud en las cuentas públicas y cuál será el costo social de un sinceramiento tarifario que luce inevitable.

 Sintonía fina recargada: cómo bajar los subsidios
Sintonía fina recargada: cómo bajar los subsidios
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Estas fiestas de fin de año puede que sean las últimas en que a gran parte de los porteños y bonaerenses les cueste lo mismo un pan dulce que su factura de luz.

Luego de un diciembre ardiente, signado por los cortes de electricidad y la falta de respuestas de un Estado que se limitó a apuntar a las empresas distribuidoras frente a la crisis energética, lo cierto es que, para 2014, será difícil mantener el actual nivel de subsidios económicos.

Así lo entienden los economista y expertos en energía consultados por 3Días pero también lo reconocen, puertas adentro, los funcionarios del Gobierno, quienes ya dejaron trascender que evalúan revisar un esquema de tarifas que, a todas luces -si cabe la expresión-, resulta ineficiente y poco federal.

La magnitud que alcanzó la carga fiscal de los subsidios parece insostenible. Según cifras de Empiria Consultores, en lo que va de 2013, acumula un alza del 55% a septiembre y, con un monto de $ 94.204 millones, ya supera lo gastado en todo 2012. Las estimaciones indican que la cuenta cerraría el año por encima de los $ 140.000 millones. De ese total, aproximadamente el 88% de los subsidios económicos corresponden a dos rubros: energía ($ 93.000 millones) y transporte ($ 30.000 millones).

Así las cosas, los subsidios aumentaron 38 veces desde 2005 y hoy representan el 5,3% del Producto Bruto Interno (PBI). O, si se prefiere, 8.5 veces el presupuesto asignado para la Asignación Universal por Hijo (AUH) o 2,4 veces lo recaudado por las retenciones a las exportaciones. "Desde el 2011 a esta parte, se ha ido acelerando la participación de los subsidios en el gasto público y hoy la realidad es que se volvió insostenible", dice Milagros Gismondi, analista de la consultora.

Con respecto a las consecuencias de la colosal cuenta de subsidios, Diego Giacomini, economista jefe de Economía & Regiones (E&R), es contundente: “La distorsión de precios relativos es el principal problema estructural detrás de los desequilibrios macroeconómicos actuales”, explica. Y agrega: “Los subsidios y la política de precios regulados abarataron un conjunto de bienes y servicios, lo cual generó, por un lado, una sobre-expansión del consumo y, por el otro, desestimuló la inversión. Así, se generaron altas tasas de crecimiento con aceleración inflacionaria y desabastecimiento”.

Impacto fiscal 

En E&R aportan otro dato que ilustra el impacto de los subsidios en las cuentas públicas. "El aumento de los subsidios explica el deterioro del frente fiscal, ya que su incremento coincide con la destrucción del resultado fiscal del Estado Nacional, que pasó de un superávit financiero de 2.6% a un déficit de -2.6% del producto", sostiene.

En la misma línea, desde el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) opinan que, congelando los subsidios, podría lograrse, en 2014, el tan añorado -por los defensores y detractores del modelo K- equilibrio fiscal primario.

"Para 2014, aparece como probable que el Gobierno diseñe un paquete de medidas con la intención de atenuar la inflación de manera genuina", dice Ariel Barraud, economista del Iaraf. Y agrega: "Para atacar la inflación hay que ir un eslabón más atrás y preguntarse por la causa de la emisión de pesos sin respaldo", sostiene, apuntando al desequilibrio fiscal.

Por su parte, el economista de la Universidad Nacional de La Plata, Martín Tetaz, señala que la eliminación de los subsidios a la energía, “permitiría frenar por completo la emisión monetaria con la que el BCRA auxilia al tesoro, que, justamente, cerrará el año en torno a los 104.000 millones y es uno de los principales responsables de la inflación”.

En tanto, un trabajo del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) refleja cómo la decisión de mantener las tarifas fijadas en valores artificialmente bajos exacerbaron el consumo y desalentaron la inversión durante la última década. “Las inconsistencias se disimularon durante mucho tiempo gracias a la expansión de la capacidad de generación de electricidad en años anteriores. Pero consumidas las inversiones acumuladas en la década del ´90, llegaron los cortes”, destacan. Para muestra solo basta un botón: al analizar la evolución de la potencia efectiva instalada, es decir la capacidad que tienen las centrales eléctricas de entregar energía las distribuidoras de electricidad, entre 1993 y 1998, creció a una tasa promedio del 6,1%, por encima de un país que se expandió al 4,7%. Con un Kirchner en el sillón de Rivadavia, el PBI en promedio creció 6,5% anual, pero la potencia instalada apenas lo hizo al 3,2%.

Con respecto a la demanda, el panorama tampoco luce demasiado alentador. Durante la semana pasada, cuándo el consumo eléctrico perforó la barrera de los 23.000 megavatios, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, pidió hacer un “uso racional de la energía”. Imploró un súbito ahorro de electricidad de la ciudadanía en plena ola de calor. Les habló con el corazón; la gente le respondió con el aire acondicionado: el lunes se registró un pico de 23.793 megavatios, el mayor para una jornada hábil en el ciclo histórico. Moraleja: lo racional es consumir más lo que está barato.

Inflexibles

De cara al 2014, en el Ministerio de Economía miran con preocupación el nivel de gasto público récord y saben que la de subsidios es la partida más propensa al ajuste. Si bien el gasto público consolidado está en torno al 50% del PBI y los subsidios representan apenas el 5,3%, lo cierto es que otras partidas -sueldos estatales o jubilaciones, por ejemplo- son intocables."Hay ciertos gastos más inflexibles a la baja, como los gastos de personal o los de seguridad social. Después, vienen los de subsidios y co-partipación federal. Y los más flexibles son los gastos de obra pública", enumera Barraud.

Desde el propio Gobierno también reconocen la inequidad del actual esquema y entienden que existen argumentos que ayudarían a morigerar el costo político de aumentar las tarifas de servicios que, más allá de los actuales cortes, dejan mucho que desear. Propios y ajenos están de acuerdo en que el esquema de subsidios es ineficiente porque desalienta la producción e inversión mientras que exacerba el consumo. Que es regresivo, porque, por caso, el precio de gas en garrafa -también subsidiado- que se utiliza en los bolsones de pobreza del conurbano es de $1,20 por metro cúbico, mientras que la misma cantidad de gas natural le cuesta $0,51 a un usuario porteño de clase media o alta. Y que es poco federal, ya que se concentran en la Ciudad de Buenos Aires y en partes de Gran Buenos Aires, mientras que, por ejemplo, en Santa Fe se paga el doble y en Córdoba el cuádruple, según un estudio del exsecretario de Energía, Daniel Montamat.

Fórmulas

El último intento oficial para desenmarañar la red de subsidios tuvo lugar en noviembre de 2011 cuando, luego de arrasar con el 54% en elecciones las presidenciales, Cristina Fernández de Kirchner habló de la necesidad de “hacerle sintonía fina al modelo”. El Ministerio de Planificación abrió un registo de renuncia voluntaria a lo subsidios, con la plana mayor del Gobierno encabezando la lista. Tuvieron pocos seguidores: un año más tarde, apenas 35.000 de los 12 millones de usuarios habían optado por pagar la tarifa plena. “Aquello fue un enunciado. Porque, al final, no se hizo nada. Hay que pasar de las palabras a los hechos”, opina Giacomini, de E&R.

"Hoy, la cuenta de subsidios es más grande y el atraso tarifario es mayor", advierte el director de AMC, Maximiliano Castillo en la comparación con el primer ensayo de sintonía fina. "Hay que ajustar las tarifas, no quedan muchos caminos", dispara.

A prinicipios de diciembre, antes de la seguidilla de apagones que perdjudicó a milllones de usuarios estas últimas semanas, el ministro de Planificación, Julio De Vido, había adelantado que si bien no habrá una quita indiscriminada de subsidios, se estaba evaluando la situación de los sectores que pueden pagar sin asistencia. Hoy, los interrogantes aún se mantienen: ¿A quiénes alcanzará la suba? ¿De cuánto será el aumento?

¿Cuándo lo aplicarán?

Los expertos consultados por 3Días ensayan algunas respuestas. En primer lugar, coinciden en la necesidad de fijar las tarifas a precios más acordes a los costos de producción, pero acompañadas por una tarifa social para los hogares de más bajos recursos. Especialista en economía del comportamiento, Martín Tetaz señala que “los subsidios deben reducirse por default a todos los consumidores salvo que expresamente alguno declare que realmente necesita la tarifa social en un plazo de, por ejemplo, 30 días”. Exactamente lo contrario al método que adoptó el Gobierno hizo en noviembre del 2011. "Un aumento de tarifas compulsivo sin posibilidad de acceder a un precio subsidiado para los que lo justifiquen es impensado", aclara Gismondi.

Otra clave para moderar el descontento social de la medida, es la gradualidad. “En un contexto inflacionario, si los subsidios van cayendo gradualmente no aparece la sensación de ‘tarifazo’ y la gente acepta gradualmente los nuevos precios relativos”, agrega el economista de la Unlp.

En cuanto al universo que alcanzaría un eventual sinceramiento de tarifas, en Empiria remarcan que "a partir del aumento de 2012, el grueso de la población de muy altos ingresos ya paga tarifa plena, con lo cual la segunda sintonía no sería tan fina ya que necesariamente afectaría a los consumos medios".

El timming aparece como una de las mayores incógnitas. En los últimos años, el verano en la Argentina, con millones de turistas volcados a las rutas, se ha convertido en el momento ideal para tomar medidas económicas impopulares. Sin embargo, con cientos de miles de personas pasando las fiestas de fin de año a oscuras, los expertos creen que es poco probable que el anuncio tenga lugar en el corto plazo. El invierno tampoco es el momento ideal: sumadas las demandas de electricidad y gas, el consumo enegético invernal es mayor al del verano. Y como condimiento, se avecina una áspera discusión salarial para 2014.

En tanto, una suba de tarifas impactaría sobre la canasta familiar y se trasladaría a precios. En Empiria presentan un escenario: una reducción de 17% en los subsidios generarán una inflación extra en torno al 6 o al 7% en la canasta familiar. “La reducción de los subsisiods tiene un impacto sobre los precios. No hay una fórmula mágica”, refuerza Barruad, del Iaraf.

Para concluir, Giacomini aclara que no necesariamente la reducción de subsidios se tiene que trasladar al consumidor. “También se le puede mejorar la ecuación económica-financiera a las empresas prestadoras de servicios públicos mediante otros instrumentos. Habría que estudiar empresa por empresa para analizar un nuevo marco regulatorio”. / 3D

comentarios
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usuario
30.12.2013 09:12:00

Basta de subsidios a la CABA, Si pueden pagar los los aumentos de ABL y patentes del "Vago" que paguen la luz, el agua y gas como corresponde.

usuario
30.12.2013 09:12:00

Basta de subsidios a la CABA, Si pueden pagar los los aumentos de ABL y patentes del "Vago" que paguen la luz, el agua y gas como corresponde.

opinionENCUESTA
Pregunta
Cree que los acuerdos firmados por el Gobierno con China...
Significarán una inversión importante para la economía.
Sólo servirán para cubrir las necesidades fiscales.
Son sólo promesas sin impacto real.
Otras opciones