Se inicio en Nueva York una negociación histórica en los anales de las Naciones Unidas presidida por la Argentina, el Tratado sobre el Comercio de las Armas Convencionales. Un proceso único en su naturaleza y características que contribuirá a la disminución, entre otros, de los conflictos armados, la violencia, la violación de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, el desplazamiento de personas, la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo.

Últimamente ha quedado claramente en evidencia que el comercio de armas requiere urgente consideración. Cada minuto un ser humano es víctima. Más de medio millón de personas mueren anualmente a través de armas y muchos más fallecen, son heridos y abusados como consecuencia directa de la violencia armada. Niños y mujeres, sufren sus consecuencias. Los femicidios son otro vergonzoso testimonio. El tráfico ilícito de armas ha adquirido también alarmantes proporciones. Es quizás hoy uno de los mayores flagelos que enfrenta la humanidad. El Tratado a ser negociado procurara establecer un dique de contención a tanto despropósito.

El panorama comercial en materia de armamentos convencionales es desilusionante. Lleno de imprevisiones, lagunas y peligrosas inconsistencias. También de algunas injusticias. Esa variedad de circunstancias genera graves ambigüedades y desconfianzas que plantean riesgos serios a la seguridad internacional. Algunas con efectos devastadores como es el caso de las armas pequeñas y livianas en muchas partes del mundo.

La experiencia parece demostrar que la transferencia no regulada de armamento lamentablemente puede concluir hacia fines no deseados incluyendo la no observancia plena de embargos decretados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. De hecho ocurre con escandalosa frecuencia. Tampoco las exportaciones de armas legítimas son realizadas siempre conforme a los principios reconocidos en la Carta de las Naciones Unidas y en otros instrumentos universalmente relevantes. Hay muchos ejemplos dolorosos como son los recuerdos de genocidio ocurridos en distintas latitudes.

Otro hecho de creciente significación son las nuevas características del mercado de armamentos convencionales. Las transacciones se han ampliado de manera considerable adquiriendo nuevas complejidades y diversos dinamismos operativos. Por otro, las ventajas comerciales de producción en virtud de la globalización, como los avances tecnológicos y la escala industrial que promueve el sector, plantea nuevas situaciones a considerar para asegurar que no caerán en usos incorrectos.

Si bien se podría decir que de acuerdo a la estadísticas un puñados de Estados, en gran medida, dominan las características de ese mercado, es claro que hoy la mayoría de los Estados disponen de alguna capacidad de producción y, consecuentemente, de exportación. La amplia mayoría de los Estados se han convertido en la actualidad en exportadores e importadores. Todos los Estados van adquiriendo progresivamente esa doble condición. Este fenómeno, sugiere la necesidad impostergable de acordar multilateralmente comportamientos igualmente responsables por parte de todos los Estados. Es de esperar que las negociaciones que se inician en Naciones Unidas puedan responder a fortalecer el bienestar y seguridad de la comunidad internacional.